Dime cómo viste y te diré si es abogado

El abogado ha de vestir como tal”, o eso dicen. A lo que los periodistas contamos con un libro de estilo, ellos tienen en la mesilla de noche un manual sobre la indumentaria que deben portar, tanto dentro como fuera de la vida judicial. Conozco de buena mano cómo es el armario de un letrado: trajes, pantalones de pinza, camisas a conjunto con las americanas… Abres aquello y parece el ajuar de un enterrador, desde el cariño. Por no hablar del pedazo de problema que tienen los fines de semana, porque acaban tan sumamente hartos de ir de etiqueta que se tiran el primer vaquero roñoso que pillan por el ropero y la camiseta que iba de regalo con la caja de galletas. ¿Y cuando tienen una cita, boda o derivados? Pues nada, ya pueden ponerse, maquillarse, peinarse o acicalarse lo que quieran que no se notará ni una pizca la diferencia, si es que llevan la misma ropa que para ir a trabajar… Y no lo digo yo, me lo confiesan ellos cada sábado.

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